también la pena explorar hasta qué punto un modelo
tan influyentes como es la deconstrucción derrideana, en su
énfasis en la persistente posposición del significado
en cadenas inagotables de significantes y proponiendo, más
allá, esta virtualidad del significante como única posible
realidad, se encuentra arraigado en imágenes y recursos provistos
por la teoría de la información y la cibernética.
De esta forma también la metáfora que venimos trazando
se altera para, dando espacio a la virtualidad cibernética,
con-fundir naturaleza y técnica, organismo y artificio, en
un polo analógicamente opuesto de ‘materialidad’.
Es ya con este trasfondo que llegamos a la Matriz. No obstante, al
encontramos con ella ya se ha disipado la euforia inicial ante a la
liviana perseverancia de lo virtual y nos encontramos con una perspectiva
desencantada que nos obliga a retomar con más riqueza los desdobles
de nuestra metáfora. Resulta que, a pesar de la persuasiva
ubicuidad de lo virtual, no hay virtualidad sin la gravedad de la
materialidad que la hace posible, de hecho, el hardware. La Matriz
de nuestras películas no es el último sistema en recordárnoslo.
Tan explosivamente virtual como parece ser, ésta es el constante
puente entre la opacidad material del Mundo Real y la liviana realidad
de las mentes informatizadas. Más allá, la Matriz ni
tiene sentido ni funciona sino es en virtud de esta conexión.
Diseñada para mantener bajo control las mentes de humanos capturados
en la guerra mientras sus cuerpos son utilizados como fuente de bioenergía,
la Matriz se realiza en propósito y en función en la
mediación entre el mundo ‘material’ y el mundo
‘virtual’. Su mundo virtual sólo se activa, después
de todo, con la intervención directa sobre los cuerpos en el
Mundo Real en la forma de la inserción de un chip en el cerebro
de los humanos atrapados.
Interesantemente, a la par que este evento ‘material’
se necesita también de un evento metafórico para activar
a la Matriz, puesto que la posibilidad del tráfico entre los
dos espacios no se da sino por mediación de una conversión
informática. Lo que hace posible esta conexión al circuito
de la Matriz es un proceso de traducción y ‘transmisión’
de los rebeldes en una corriente electrónica de códigos
informáticos (transformación ocasionalmente visualmente
aparente) asimilables por la Matriz y aparentes en el torrente interminable
de cifras registrado en las pantallas de las computadoras de las naves.
Los rebeldes son, de esta forma, “transmitidos” a la Matriz.
Esta