productividad general de toda la economía (Porter y Miller,
1990). Para poder obtener los beneficios inherentes a las TIC, las
empresas deben distinguir qué actividades de su proceso interno
están sujetas a una posible orientación tecnológica,
la cual producirá mayor valor añadido y facilitar
el progreso de su funciones.
Asimismo, nuestro trabajo se ha centrado en el estudio de dos grupos
de actividades. En primer lugar, se han analizado aquellas funciones
vinculadas con las compras, englobando su logística interna,
externa y su aprovisionamiento. En este apartado se han integrado
herramientas tales como el SCM , que coordina informáticamente
el aprovisionamiento e integra información sobre las necesidades
del sistema de producción, o el porcentaje de compras B2B,
que mide las adquisiciones efectuadas a través del canal
electrónico.
En segundo lugar, se ha estudiado la orientación tecnológica
de la empresa en su política de ventas y en la relación
con sus clientes. La consecución de una mayor información,
la posibilidad de segmentar el mercado, o el acceso a nichos antes
inaccesibles, son tan solo algunas de las ventajas que han empujado
a muchas empresas a adoptar nuevas tecnologías en las actividades
vinculadas a la demanda. Estos indicadores reflejan el interés
de la empresa por aprovechar las TIC en su orientación al
mercado.
Finalmente, consideramos que este análisis no puede llevarse
a acabo de una manera generalizada para todas las industrias, debiéndose
diferenciar entre aquella actividad económica más
inclinada al conocimiento de la tecnología: sector de las
telecomunicaciones o sector TIC, y otras compañías
pertenecientes a los denominados sectores tradicionales . A partir
de esta dualidad podrá compararse el grado de desarrollo
tecnológico y la predisposición a la aceptación
de nuevas herramientas, calculando la existencia de diferencias
en la tasa de adopción de cada herramienta analizada.
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