LA ADOPCIÓN DE NUEVAS TECNOLOGÍAS EN EL CONTEXTO
EMPRESARIAL
Las nuevas tecnologías de la información (TIC) han
generado atractivas oportunidades de negocio y prometedores beneficios
para la empresa en los últimos años; sin embargo,
el paso del tiempo y la experiencia han puesto de manifiesto la
lentitud de su consecución (Roach, 1992), obteniéndose
unas cifras reales que distan mucho de las expectativas iniciales
que pronosticaban algunos estudios (Cannon, 1984; Clemmons y McFarlan,
1986). El empleo de la tecnología en las empresas no siempre
viene acompañado de buenos resultados, por lo que la infrautilización
se plantea como un problema difícil de solventar (Johansen
y Swigart, 1996; Moore y Benbasat, 1991; Norman, 1993; Weiner, 1993).
La dicotomía existente entre la tecnología disponible
y su asimilación ha sido analizada desde un punto de vista
organizacional, llegándose a la conclusión de que
para poder considerar correctamente la eficacia asociada a las TIC,
debe distinguirse entre la simple aceptación de un sistema
y su explotación real en el proceso productivo (Fichman y
Kemerer, 1993). En este contexto, han surgido nuevas teorías
que tratan de obtener las motivaciones que incitan a la aceptación
de una aplicación tecnológica, las cuales incluyen
las percepciones del usuario como principales variables explicativas
de su comportamiento.
Entre todas las estructuras existentes, destacamos la teoría
de acción razonada (TRA) de Ajzen y Fishbein (1980), la cual
argumenta que el comportamiento del individuo (por ejemplo hacia
una tecnología) viene determinado por sus intenciones (Shimp
y Kavas, 1984; Sheppard, Hartwick y Warshaw, 1988). Estas intenciones
a su vez están condicionadas por la actitud y la opinión
de las personas pertenecientes a su entorno social -también
denominado normas subjetivas- (Fishbein y Azjen, 1975; Ajzen y Fishbein,
1977; Ajzen, 1987).
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