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gustos personales, coeficiente intelectual, ascendencia, grado académico, entre otros. Destaca la autora que “sólo un tres porciento de los solicitantes son aceptados, lo que hace que el ingreso a este banco de esperma sea tres veces más difícil que entrar a Harvard”(Página 170). Notemos que, nuevamente las lecturas pueden ser múltiples: manipulación genética conducente al fascismo, despojo absoluto de la responsabilidad paterna, lógica del consumo llevada a sus límites, por un lado. O, del otro lado, la posibilidad de asumir la maternidad sin que medien las relaciones sexuales, posibilidad de maternidad a secas- sin pareja- (muchas mujeres se separan después de tener hijos- o se casan o conviven porque quieren parir); posibilidad de maternidad para madres lesbianas, entre otras. La maternidad tal vez no como destino (de las mujeres heterosexuales, casadas, etc.) sino como elección.

7. Véase las reflexiones de autores como Foucault, Butler, Giberti y Fernández,, Osborne, entre otros, sobre el particular

8. Retomo aquí la reflexión que propone Eva Giberti (1989) sobre el imaginario. Afirma que “Lo imaginario: además del poder conocer algo por medio del pensamiento “claro y distinto”(consciente), existe otra dimensión vinculada con el saber-deseo (sofroi y eros), saber a través del deseo, por decirlo así, un saber que resulta de la calidad de sujeto deseante del ser humano. Está relacionado con creencias e ilusiones que permiten ilusionar la realización de ese deseo. Creencias e ilusiones son estructuras que soportan lo imaginario; al mismo tiempo funcionan como límites para la pretensión de conocimiento absoluto. Es posible conocer a través de esa tensión entre los términos saber-deseo, tensión mantenida, sostenida por la fantasía. Saber-deseo que nos vincula con un “antes”, lo que sucedió, y un “después”, acerca del cual se crean expectativas. Saber-deseo, expectativas, sueños, creencias e ilusiones personales son estructuras de lo imaginario. La tensión saber-deseo puede ser insoportable por el incumplimiento del deseo. Entonces, un modo de intentar resolverla es creando mitos que funcionen como ilusión cumplida, cerrando las expectativas y amputando los múltiples sentidos de cada experiencia personal en un solo sentido entendido como verdad que intenta explicarlo (justificarlo) todo. En este punto es cuando creencias y mitos adquieren características de dogmáticos diferenciándose de aquellas creencias que sin tal pretensión alimentan el saber-deseo. Hombres y mujeres diferenciados por sus experiencias y vivencias construyen recíprocamente sus propios imaginarios” En Mujer, enfermedad y violencia en medicina En La mujer y la violencia invisible. Buenos Aires: Editorial Sudamericana. (Páginas 95-96).

Conviene aclarar además, como lo hace Ana M. Fernández, (1994) que “la cuestión del imaginario social, en tanto imaginario social que instituye una sociedad, es inseparable del problema del poder”. Indica que “ubicar la naturaleza social de poder supone

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