NOTAS
1. Suscribo aquí
la cita de R. Gentis presentada por Córdoba, Leal y Martínez
(1994:118-119) cuando afirma que...“Si lo consiguiéramos
sería para nosotros una liberación fantástica;
conseguir no mitificarse más con estos cuentos de Naturaleza
Humana; llegar a comprender que, hagamos lo que hagamos, nunca pensaremos
el mundo, nunca nos concebiremos a nosotros mismos sino dentro de
un universo de significaciones simbólicas. Sí, por definición
no podemos pensar el mundo sino en un sistema de significaciones simbólicas,
y a partir del mismo momento en que pronuncio la palabra naturaleza
o la palabra mundo, esta naturaleza, este mundo del que yo hablo,
se sitúa en el orden simbólico y en ninguna otra parte,
lo que hay de este lado del orden simbólico, la realidad de
las cosas si se quiere, es inaccesible para siempre”.
2. Suscribimos
la propuesta de Heidi Figueroa (1994) en el sentido de que ni la tecnología
ni la producción científica son neutrales, “estas
emergen y adquieren sus significaciones a partir de las relaciones
sociales históricamente situadas, cambiantes y que se construyen
intertextualmente” (Pág. 212). En Más allá
de la bella (in) diferencia: revisión postfeminista y otros
escritos posibles. San Juan: Publicaciones Puertorriqueñas
3. Me refiero
con nueva tecnología a las nuevas posibilidades que se producen
en cuanto a la reestructuración del cuerpo de las mujeres como
consecuencia de una avalancha de técnicas para las cirugías
estética: estiramiento de la piel, cambio de facciones, reducción
de caderas, muslos costillas, engrandamiento (con silicona) del busto
o achicamiento de éste, entre otras. De otro lado remito también
a las nuevas técnicas en cuanto a la reproducción- compra
de esperma en bancos diseñados para esto. Acá vemos
que el cuerpo de las mujeres parecería que pierde su “naturaleza”.
Doble pespunte, por un lado la inserción de las mujeres en
un mercado- hipermercado- de consumo de nuevas mercancías-
cirugías estéticas de toda suerte. Compra de esperma-
una vez más lógica de consumo- especificidad de las
características del “donante” a grados insospechados.
Por otro, desnaturalización de la maternidad en tanto efecto
del amor y de la sexualidad entre parejas heterosexuales. Cuerpos
reconstruidos, hibridizados, despojados de su destino. Aunque no necesariamente
se inscriben dentro del circuito de las nuevas tecnologías,
la perforación del cuerpo y los tatuajes se suman a lo antes
descrito para “desnaturalizar” el cuerpo ( recordemos
que estas dos últimas modalidades descritas se han utilizado
en diversas culturas por milenios).
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