debemos enfrentar los intentos de desnaturalización,
de sometimiento y de nuevas formas de cosificación que emergen
como consecuencia de las cirugías estéticas. En esta
ocasión las mujeres deben enfrentar la nueva amenaza de las
cirugías estéticas en tanto otra forma de violencia
o de opresión.
In / conclusiones
¿Estamos ante lo que puedo llamar el performance de género?
¿Dónde está el sujeto identitario? ¿Qué
identidad se preserva? ¿A qué cuerpos nos referimos?
¿Son estos cuerpos domesticados, o acaso transitan y se desdoblan
a partir del uso de diversos artefactos que provee la nueva tecnología?
[9].
Insisto en que debemos abordar este debate concediendo a la posibilidad
de asumir las cirugías estéticas en tanto posibles
resistencias, posibles transgresiones, y posibles apropiaciones
inesperadas que hemos hecho las mujeres de los requerimientos sociales
a los que hemos sido expuestas. Esto, por supuesto, opera tanto
de formas conscientes como inconscientes. Habría que considerar
las múltiples formas en que las mujeres han subvertido, dislocado
e implosionado las expectativas y las demandas que sobre ellas se
han formulado.
Propongo que la heteronomía de las mujeres
no puede ser subsumida en categorías tales como género
femenino aún cuando se destaque que éste está
configurado y construido socialmente. Es decir, reconozco que los
sujetos estamos directamente interpelados por las estructuras sociales
de las que formamos parte y que a su vez reproducimos, o estamos
convocados a reproducir. Sin embargo estos procesos se producen
con resistencias, fisuras, transgresiones, entre otras. Las maneras
particulares en que cada sujeto mujer articula de formas conscientes
e inconscientes su subjetividad no está proclive de ser articulada
en alguna reflexión sobre el género femenino